miércoles, 22 de noviembre de 2017

SEROLOGIA

CONCEPTO DE SEROLOGÍA 

El organismo dispone de un sistema de defensa inespecífico que le permite defenderse de los patógenos externos en ausencia de un contacto previo con ellos (en ausencia de reconocimiento), y de un sistema de defensa específico, más desarrollado y sofisticado, que le permite defenderse con eficacia frente a los microorganismos y que exige para su desarrollo de un reconocimiento previo del agente. Este segundo mecanismo de defensa puede adquirirse por contacto con el agente o sus antígenos a través de una infección, por inoculación voluntaria (vacunación) o por administración de anticuerpos preformados en otro organismo (anticuerpos maternos transferidos a través de la placenta o por administración de sueros hiperinmunes). Esta respuesta es específica y con capacidad de distinguir entre lo propio y extraño; en las ocasiones en las que existe conflicto en este reconocimiento aparece la enfermedad autoinmune. La respuesta es más o menos persistente y capaz, además, de dejar recuerdo de este su primer contacto con el antígeno (memoria inmunológica) que le permitirá reaccionar de forma más eficaz y violenta en las exposiciones posteriores al mismo antígeno.

El hecho de que el organismo disponga de una respuesta inmune específica no solo capacitará para defenderse de esos agentes sino que nos permitirá conocer en muchos casos la presencia de una enfermedad infecciosa; esta es la base del diagnóstico microbiológico indirecto. La denominación de indirecto se refiere a que el diagnóstico no se hace por aislamiento e identificación del microorganismo causante de la infección, sino a través de la respuesta del huésped, es decir, de forma indirecta.

Bases del diagnóstico indirecto

Para comprender mejor las bases del diagnóstico indirecto conviene recordar las bases fundamentales de la respuesta inmune: Distinción entre propio y extraño, especificidad y memoria. Mientras que la primera hace mención a que el sistema inmune no debiera responder en condiciones normales frente a sus propias sustancias, las otras dos propiedades son de la mayor importancia para comprender el diagnóstico indirecto.

La especificidad es la propiedad que permite al sistema inmune responder frente al agente externo que la provocó y que esa respuesta no afecte a otros antígenos, incluso a aquellos que pudiesen tener un parecido molecular (reacción cruzada). Cuanto más específica y a fin sea esa respuesta más efectiva será su unión al agente provocador. La persistencia de esos anticuerpos varia en el tiempo y ello depende de muchos factores: Estímulo inicial, reinfecciones subclínicas repetidas etc.; por ello encontrar anticuerpos frente a un determinado antígeno nos hará suponer de forma indirecta que el organismo tiene o ha tenido contacto con él o con antígenos de su procedencia.

La memoria inmunológica permite que el sistema inmune recuerde haber tenido contacto previo con un antígeno y responda frente a él de forma anamnésica. Esta respuesta será más rápida y violenta, uniéndose al organismo una gran concentración de anticuerpos en muy poco tiempo. Esta propiedad es la base fundamental de la eficacia de las vacunas.

La memoria inmunológica supone, sin embargo, un serio inconveniente a la hora de utilizar la respuesta inmune para el diagnóstico indirecto de una infección. En efecto, el mantenimiento de una cierta concentración de anticuerpos durante largo tiempo nos dificulta, con algunas técnicas, conocer si esos anticuerpos específicos que encontramos en el suero del enfermo han sido provocados por una infección actual y/o reciente, o son restos persistentes de una infección antigua y curada. Actualmente se disponen de mecanismos para poder discriminar entre estas dos tipos de situaciones, como veremos a continuación.

La respuesta inmune y el diagnóstico serológico:

Cuando un individuo se pone en contacto con un antígeno por primera vez ocurren los siguientes fenómenos que se relacionan con el diagnóstico serológico.

1. Aparición precoz de anticuerpo específico de clase IgM . La concentración de este anticuerpo no es muy alta y su persistencia es generalmente corta. Su detección se identifica habitualmente con infección aguda, aunque en algunas infecciones se correlaciona no solo con la fase temprana de la enfermedad sino también con la actividad de la misma en estadíos crónicos (Hepatitis B, delta). Este marcador no es siempre detectable en la fase aguda de la infección.


2. Aparición algo más tardía de anticuerpo específico de clase IgG. La concentración de este anticuerpo va creciendo hasta alcanzar, en 3-6 semanas, una meseta que muy lentamente desciende. Su persistencia suele ser muy prolongada, mucho más allá de la curación del enfermo y en ocasiones es detectable durante toda la vida. Este hecho de mantenerse positiva después de la curación limita su interpretación cuando se detecta aisladamente. Estos dos datos relativos a la respuesta inmune nos permiten un uso más apropiado para el diagnóstico. Efectivamente, la detección de IgM específica a unas concentraciones determinadas y dada la brevedad de su duración nos faculta para realizar un probable diagnóstico de la infección aguda. Por otra parte, la observación de un incremento en la concentración de IgG específica en dos muestras separadas en el tiempo - una en fase aguda y otra convaleciente (habitualmente dos semanas) - nos indica la presencia de un estímulo antigénico en ese momento, o lo que es lo mismo, la existencia de una infección aguda. Este incremento en la concentración de anticuerpos específicos cuando comparamos dos muestras de suero en un paciente recibe el nombre de seroconversión, y para buscarla, el estudio se realiza; con dos muestras de suero del mismo enfermo con objeto de comprobar el aumento de la concentración de anticuerpos.

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